Documento Especializado
DOCUMENTO ESPECIALIZADO
EL FINANCIAMIENTO EN LAS PYMES
Mg. Sc. Moisés de la Piedra Alegría
271-7212 / 9870-2373
ENTORNO DE LA PYMES
De los 26.1 millones de habitantes que tiene el Perú, según cifras de 1993, el 73% de la población se concentra en áreas urbanas, y obviamente la mayor parte de las Pequeñas y Micro Empresas también.
El 62% es considerado Población Activa y un 27% es la Población Económicamente Activa (PEA), es decir 3’883,220 personas concentradas en las 30 principales ciudades del país. El 75% del empresariado peruano al sector de las Pequeñas y Micro Empresas.
Los cuatro departamentos que cuentan con más del 43% de la población nacional, concentran el mayor número de Pequeñas y Micro Empresas. Es decir, Lima Metropolitana más Callao tienen el 31.4% y sumadas las provincias de Lima el 35.8%, Arequipa con 7.8%, Junín con 6.6% y La Libertad con 5.1%.
El sector de la Pequeña y Micro Empresa tiene una estructura fuertemente centralizada que tiende a crecer según los últimos datos del INEI, estimando que la tasa porcentual de crecimiento debe ser 2.1 anual entre el 2000 y el 2005.
Las actividades de las Pequeñas y Micro Empresas más importantes son el comercio mayorista y minorista que representan el 33.1% (no incluye a vendedores ambulantes); y la industria de confecciones con el 17.9% del total de observaciones. Si agrupamos las actividades de las Pequeñas y Micro Empresas por sectores económicos, tenemos que el sector industrial representa el 47.5%, el sector comercio 33.1% y el sector servicio 19.4%.
Todas estas estadísticas nos llevan a concluir que la economía del Perú se sostiene sobre un pequeño sector de grandes y medianas empresas, existiendo un gran porcentaje de actividades de Pequeñas y Micro Empresas cuya participación en la economía nacional es mínima en comparación con el potencial que tiene este sector. En ese sentido, las Pequeñas y Micro Empresas generaron en 1993, según cifras oficiales, solo el 7.5% (3 mil millones de dólares) del PBI que se estimaba en 40 mil millones de dólares.
Sin embargo, el sector empresarial de la Pequeña y Micro Empresa ha sido reconocido como un canal económico importante de acceso masivo al empleo, principalmente de la mano de obra no calificada, y por su potencial para convertirse en un sector dinámico de la inversión y de crecimiento de la economía nacional.
Los principales problemas que dificultan el desarrollo de las Pequeñas y Micro Empresas, para que sean la base que sustente la economía del país, son:
(1) Acceso al Financiamiento. (2) Exigencias Legales.
(3) Acceso a la Tecnología.
(4) Acceso al Mercado.
(5) Problemas de Gestión.
Brecha de limitación de crecimiento de las Pequeñas y Micro Empresas Otros Sectores es Pequeñas y Micro Empresas Empresariales
PROBLEMÁTICA DEL FINANCIAMIENTO
Toda empresa que acude al exterior para obtener recursos lo hace con la confianza de obtener con ellos la máxima utilidad, con lo cual podrá devolver ese capital, con el costo correspondiente, después de haberlo invertido de la manera más adecuada. Este principio es básico para todo tipo de empresas, pues cuanto más se desarrollen y crezcan, más necesitarán de capital para continuar se crecimiento.
La obtención en las mejores condiciones de ese capital se convierte en un objetivo básico de la política económica de cualquier empresa, por lo que se hace imprescindible una adecuada dirección financiera.
Para conseguir los créditos que necesita, el empresario debe acudir a las fuentes de financiación habituales con la mayor preparación profesional posible, pues va a negociar con auténticos expertos en estos temas. Necesita conocer, por tanto :
· En qué va a invertir, cuánto dinero y de qué manera.
· Cuándo y cómo devolverá el capital recibido
Para saber cuáles son sus necesidades reales, precisa conocer, a través de sus registros contables, el volumen de ingresos y gastos, determinando así el beneficio; el dinero en efectivo, las obligaciones de pago, el activo inmediatamente realizable y el capital inmovilizado; la relación entre capital propio y capital ajeno; el porcentaje de rendimiento de la inversión, etcétera.
Con esta información, la empresa podrá controlar sus cobros y pagos, sus gastos e ingresos y sus necesidades financieras, y podrá fijar sus objetivos y hacer sus previsiones. En una palabra, la empresa dispondrá de instrumentos adecuados de gestión y podrá determinar su propio rumbo.
FASES DE FINANCIACIÓN
La necesidad de financiación no se manifiesta de la misma manera en todas las etapas de la vida de la empresa. Es difícil, por consiguiente, establecer unas reglas comunes y generales, ya que esa necesidad depende en gran medida de la actividad y del entorno económico.
Con todo, podemos establecer tres fases claves, por las que toda empresa debe pasar: constitución e introducción en el mercado, desarrollo y consolidación.
Primera fase: Constitución e introducción en el mercado
En la fase inicial de la vida de la empresa, la financiación propia adquiere gran relevancia, pues aquélla no es conocida en el mundo exterior, que será hostil en principio a facilitar la financiación necesaria para su puesta en marcha. Es imprescindible realizar una óptima previsión de sus necesidades y posibilidades en este etapa. Antes de que la empresa se desarrolle en ella, tendrá que contar con un adecuado equipo directivo y formar de manera apropiada su personal, a fin de obtener la aceptación del mercado.
Segunda fase: Desarrollo
Superada la primera etapa, la empresa crecerá de manera sostenida, y afrontará en lo sucesivo una serie de problemas nuevos y, ciertamente, algo delicados, dependiendo ahora el éxito de las bases construidas anteriormente.
Las vías de expansión de la empresa pueden ser diversas: aumento de las ventas a su clientela habitual, captación de nuevos clientes al aumentar su grado de organización y su potencial, creación de nuevas líneas de trabajo complementarias o totalmente nuevas, etcétera.
Cualquiera de estos caminos, o sus posibles combinaciones, llevan consigo una mayor necesidad de financiación, que se podrá conseguir por varios medios.
Por una parte, se puede acudir a las reservas que se han debido crear con anterioridad, esto es, a la autofinanciación, que parece ser, en principio, el método más económico y más seguro.
Pero esto no siempre es posible en la cuantía necesaria y quizá no sea la solución más recomendable, así que normalmente se acudirá a las fuentes externas de financiación.
Pero, frente a los problemas apuntados anteriormente, también esta fase del desarrollo empresarial tiene una serie de ventajas. La normal diversificación – bien de la producción, bien de los clientes – que acompañan al desarrollo de la empresa, permitirá que el impacto producido por un posible descenso en las ventas de un sector determinado se vea compensado por el éxito presentado en los demás sectores.
Tercera fase: Consolidación
Siguiendo el camino ideal que hemos trazado para enmarcar la vida de la empresa, llegamos a la etapa final de consolidación. Esto no quiere decir que se tenga que fijar un límite, conseguido el cual, el único objetivo será el mantenimiento del nivel alcanzado, sino que siempre habrá que marcar nuevos objetivos para evitar la relajación de todo el sistema productivo.
La estructura financiera seguirá desempeñando un papel esencial en el mantenimiento de la salud empresarial, para evitar cualquier decaimiento que pueda dar al traste con los niveles de desarrollo que se han logrado.
FINANCIACIÓN DE LOS MEDIOS FÍSICOS
Para desarrollar su actividad, el negocio precisa dinero, inmuebles, maquinaria, equipos de transporte y de oficina, etcétera, es decir, del marco y de los medios de que se vale toda empresa para su funcionamiento y que forman su inmovilizado.
Necesidad de liquidez
La financiación que requieren estos elementos debe hacerse con fondos propios; esto es, con las aportaciones iniciales y posteriores de los accionistas o del propietario, y con las reservas, que son fondos detraídos de los beneficios de años anteriores.
El efectivo que se emplea para adquirir el capital circulante se invierte en mano de obra, materas primas, artículos acabados y suministros de energía o sea, en la explotación normal de la empresa. Dicho efectivo debe ser generado por los ingresos derivados de esa misma explotación comercial.
Aunque la diferencia, así expuesta, aparece muy clara, es muy frecuente la confusión de conceptos y la consiguiente aplicación de los fondos disponibles de modo indistinto, lo que puede llevar incluso a una descapitalización de la empresa si la liquidez disponible para la adquisición de inmovilizado se emplease para nutrir el circulante. De igual modo, el emplear el dinero generado por la facturación a los clientes para la compra de maquinaria puede conducir a que no se disponga de recursos para pagar las facturas de los proveedores a su vencimiento.
El asunto el algo más serio cuando se necesitan grandes inversiones en inmovilizado para el desarrollo de la actividad. Pensemos en una firma que se encuentra ante un fuerte e inesperado aumento de la demanda por parte de una empresa dedicada a la fabricación de aceros. Si decide la adquisición de los equipos necesarios para atender en su totalidad a esa nueva demanda, el suministrador se encontrará, posiblemente, con una gran utilidad – consecuencia de su mayor cifra de negocios - , pero con una escasez acusada de liquidez para poder hacer frente a los compromisos derivados de aquella compra.
La solución más lógica habría sido el pago diferido al mayor plazo posible, o bien acudir al alquiler de esos equipos; esta solución la hubiera permitido comprobar si este aumento de la demanda era circunstancial o si se mantendría de manera indefinida. En cualquier caso, la disponibilidad de liquidez de la empresa habría sido mayor.
La adquisición de elementos de activo fijo debe ser efectuada con suma precaución incluso si se hace en condiciones ventajosas respecto a los precios habituales en el mercado, pues con una herramienta no se puede pagar el recibo de la luz. Y, cuando se necesita dinero, la venta de estos elementos no es fácil, ni aún perdiendo gran parte de lo invertido en la compra.
Movimientos del dinero
El efectivo que se emplea en la explotación normal es, simplemente, el dinero líquido. Este dinero se invierte, en primer lugar, en materias primas, en la mano de obra necesaria y en los gastos generales de fabricación, si se trata de una empresa manufacturera. La conjunción de esos factores producirá el artículo acabado, que se venderá a un determinado precio. Como el importe correspondiente a la venta de cobra al contado en un momento posterior, se vuelve a convertir en efectivo. Si, como es normal, se produce un beneficio, ese efectivo será mayor que el que inició el ciclo.
La duración de este ciclo varía en función del sector económico y de las condicionamientos específicos de cada empresa. Sin embargo, debe preverse su duración total y de la cada una de las partes que lo componen, para sí conocer las necesidades financieras de las mismas y el momento en que se obtendrá más liquidez, con el fin de asegurar el normal funcionamiento de la empresa.
Resulta, por tanto, imprescindible confeccionar una previsión del ciclo de rotación del efectivo, para lo cual hay que determinar y presupuestar las principales partidas de ingresos y gastos que se van a producir. Así mismo, habrá que contestar a preguntas como cuál es el período medio de cobro a los clientes y de pago a los proveedores, la periodicidad del pago al personal y todas las demás partidas significativas.
Si nos fijamos en un pequeño taller de confecciones, vemos que su ciclo de rotación del dinero en muy breve. Suele obtener sus ingresos mensualmente, mediante el cobro de las prendas confeccionadas y entregadas, semanalmente pagará también al personal, y mensualmente hará efectivos el recibo de alquiler, teléfono, luz, etcétera. Se puede deducir así que el ciclo se completa cada mes. Es interesante constatar que el tratamiento de este tema es muy distinto cuando la actividad de la empresa registra variaciones sustanciales en función de ciertos factores estacionales. En estos casos, las necesidades de liquidez sufrirán oscilaciones importantes. No será preciso tener el dinero ocioso en el banco durante algunos meses, así que se le podrá dedicar a otros fines que ofrezcan mayor rentabilidad. Y habrá otros meses en que se necesitará un nivel de liquidez mayor de lo normal.
El algunas ocasiones, cuando la empresa topa con problemas imprevistos de financiación a muy corto plazo, puede resolverlos orientando con habilidad y prudencia su política de compras y pagos. Ciertamente, el viejo refrán de que “el hambre despierta el ingenio” también resulta aplicable a la actividad empresarial.
Estudio de rotación del efectivo
Un índice importante para conocer la marcha de una empresa, es el ciclo de rotación del efectivo, que ayudará a determinar cómo se utilizan los fondos.
El presupuesto de las necesidades de efectivo debe cumplir un doble requisito: eficacia y claridad. No por contener muchos datos será mayor su validez, ya que si aquéllos no son necesarios, será difícil tomar las decisiones correctas.
Se suele establecer dicho presupuesto para todo un año, con carácter general. Aunque se pueden confeccionar estados contables con menor periodicidad –mensual o trimestral– , y también se pueden preparar planes para varios ejercicios.
Vigilancia de lagunas magnitudes
Una adecuada planificación y administración de los medios líquidos que están a disposición de la firma pone de relieve la necesidad de una correcta actuación sobre magnitudes fundamentales en la empresa, según vamos a demostrar a continuación.
ü Compras y ventas de exceso, una política de compras inadecuada es una de las causas principales del drenaje de fondos líquidos. Si a lo largo de este apartado hemos subrayado la necesidad de una correcta dirección administrativa y financiera, ahora tenemos que poner el acento sobre la necesidad de evitar cualquier error grave en la dirección comercial, pues la empresa desarrolla su actividad en función de las cifras de compra y venta.
Si las compras se efectúan por un importe inferior a lo debido, se producirá un descenso en la cifra de ventas y, lo que es peor, una deficiente atención a los clientes, que se pueden “pasar a la competencia”, y que luego serán difíciles de recuperar. Un aspecto fundamental que se debe considerar es el tiempo medio que tardan los proveedores en suministrar las mercaderías desde que se efectúa el pedido, puesto que en función de esa período se calcula el nivel del inventario.
Cuando se efectúen compras en exceso, la mercadería queda retenida en la bodega más tiempo del debido y tarda en convertirse en dinero, por lo que pueden surgir dificultades para liquidar a los proveedores.
Dentro de la gestión general de compras y en conexión con la política financiera, deberán examinare las posibles modalidades de pago. Si hay liquidez sobrante, el pago al contado puede suponer una rentabilidad que no se conseguiría teniendo los fondos inmovilizados en una entidad financiera sin realizar ninguna función. Insistimos en que la política de pago a los proveedores puede manejarse con suma flexibilidad, debiendo adecuarse en función de las disponibilidades de el empresa.
Siempre hay que tener en cuenta la rotación prevista para cada artículo, por lo que se debe ejercer una vigilancia continua para detectar de inmediato cualquier desviación.
Recordemos que una mala política comercial puede inducir al enorme error de aumentar la cifra de ventas a expensas de la utilidad generada.
La captación de nuevos clientes tampoco debe hacerse mediante unos descuentos que absorban buena parte de la rentabilidad mínima prevista. Así mismo, no hay necesidad de “hacer la guerra” a la competencia cuando ésta juegue a la baja d precios.
Un adecuado control de las disponibilidades líquidas contribuye a evitar que las ventas se efectúen por debajo de esa rentabilidad mínima. En determinadas situaciones será preferible no efectuar una operación a realizarla en condiciones desfavorables. Sin embrago, no siempre de puede dejar el mercado a la competencia, por lo que, si el fenómeno se repite, habrá que analizar las causas de que la competencia ofrezca mejores precios, pues a veces se revela necesaria una readaptación de la política comercial en que se mueve la empresa.
ü Nivel de las cuentas a cobrar, hasta que la empresa no convierte en dinero el importe de la venta efectuada, la operación no está finalizada. Si hacemos un análisis de los balances de algunas empresas, comprobaremos que, dentro de las cuentas del activo, figuran en la partida de cuentas a cobrar algunas cantidades que nunca se convertirán en efectivo y que, por tanto, deberían aparecer en la contabilidad reflejando esa posible pérdida.
El control de las cuentas de clientes es imprescindible para conseguir el cobro de lo adeudado en la fecha prevista. Para lograr este fin, es preciso realizar un seguimiento exhaustivo de todas estas cuentas y de las operaciones que las generan de principio a fin.
Una vez conocidas las necesidades de tesorería, se fijarán unos descuentos adecuados por pronto pago. Se debe subrayar que estos descuentos tienden a ser cada vez mayores por el persistente aumento del costo del dinero en los mercados financieros y porque el empresario prefiere el cobro seguro y rápido, aunque ello le suponga un beneficio menor.
Conjugando los factores aquí expuestos, se configurará en cada momento la mejor política de ventas a crédito, con los descuentos correspondientes en la ventas al contado.
ü Margen de utilidad, Ya indicamos al tratar el tema de la política de ventas lo importante que es alcanzar el volumen de utilidad previsto en la realización de las operaciones comerciales. Para marcar correctamente ese margen al fijar los precios de venta, es preciso conocer cuál es el precio de costo, lo cual ha llevado a un rápido desarrollo de la contabilidad analítica o de costos.
El precio de venta estará influido no sólo por las condiciones del mercado en que opera la empresa, sino también por los condicionamientos internos de la misma. En cualquier caso, también en este terreno, un eficaz control de la tesorería contribuye a detectar los posibles errores en la obtención real de la utilidad, que es el objetivo de toda gestión de los recursos líquidos.
TIPOS DE RECURSOS DE FINANCIACIÓN
Vamos a examinar los diferentes tipos de recursos a los que la empresa puede acudir cuando necesita fondos de financiación para agilizar la marcha de su negocio.
Aunque existen diferencias de un país a otro, en general, los prestamos a corto plazo son aquellos que se deben devolver antes de los 18 meses. Son préstamos a medio plazo los que se reembolsan entre 18 meses y cinco años: mientras que los concedidos a largo plazo tardan más de cinco años en reembolsarse.
Préstamos a corto plazo
Son los que se solicitan para ser devueltos antes de los 18 meses. Normalmente se emplean para la financiación del activo circulante, siempre y cuando las necesidades de la empresa no sean muy grandes ni superen ese período de tiempo. Con este tipo de préstamo suelen trabajar toda clase de empresas, bien mediante los créditos que obtienen de sus proveedores y acreedores, que les conceden un aplazamiento en el pago de sus obligaciones, o bien gracias a los préstamos obtenidos de las instituciones bancarias y similares que anticipan los fondos que los clientes harán efectivos fechas más tarde. El caso más frecuente en que se cifra la financiación del activo circulante antes indicada en el de la adquisición de materias primas y mercaderías.
Este tipo de préstamo será devuelto después que la empresa haya cobrado sus ventas, por lo que el riesgo, en principio, parece mínimo. El único problema se planteará cuando las ventas sean inferiores a las previstas y, por ello, no se obtengan los fondos necesarios para la devolución del préstamo en el plazo fijado.
Así pues, no es conveniente abusar de esta modalidad, y en todos los casos es preciso ponderar con la mayor precisión posible cuánto se va a vender y qué porcentaje de las ventas se cobrará en el plazo previsto.
Si el aumento de la facturación no es esporádico o coyuntural, sino que se debe al proceso normal de expansión de la empresa, será preciso acudir a un aumento del capital circulante en una medida que permita consolidar la estructura de la misma.
Préstamos a medio plazo
Son los que permiten la obtención de capital y que han de ser devueltos entre los 18 meses y los cinco años desde su formalización. En ese momento, normalmente se fijan las cuotas y los períodos de amortización, o sea, que se determinan los plazos en que habrá de devolverse el capital más los intereses producidos.
Los propios equipos productivos que se suelen adquirir con los préstamos a medio plazo son los que permiten hacer frente a las amortizaciones correspondientes. Sin embargo, es preciso realizar un estudio adecuado del plan financiero del préstamo y de la utilidad que se va a conseguir con la incorporación de aquellos equipos. En efecto, un plan mal concebido llevaría a tener que utilizar recursos procedentes de la venta del capital fijo o de nuevos endeudamientos, que pondrían en peligro la estabilidad financiera de esa firma.
Este tipo de préstamos es el más utilizado por la pequeña y mediana empresa, ya que, normalmente, a éstas les es difícil obtener créditos a más de cinco años. Se trata de un instrumento financiero fundamental para su desarrollo, y que les permite aumentar el nivel de actividad que, con sus recursos, se vería muy limitado. En general, para conceder este tipo de préstamos a medio plazo, el banco o la entidad financiera a que acuda la empresa pondrá una serie de condicionamientos mayores que cuando se trata de la concesión de préstamos a plazo más corto. No se debe olvidar que estamos tratando de créditos de hasta cinco años, que es un horizonte temporal lo suficientemente amplio en una coyuntura económica normal para que la entidad que concede el crédito trate de asegurar su devolución mediante la adopción de las cláusulas contractuales pertinentes.
Como norma general, la empresa se verá obligada a presentar el balance y la cuenta de resultados del ejercicio, los presupuestos de las magnitudes más significativas para el año siguiente, estudios de mercado, detalle de la estructura de sus activos, etcétera. En suma, el control “de seguimiento” que se ejerza sobre la empresa afectada será mayor, y su nivel organizativo y financiero tendrá que poseer una gran claridad.
Préstamos a largo plazo
Son los préstamos que es preciso devolver en un lapso de cinco años o más desde la fecha de su formalización. Sin embargo, estos períodos son orientativos y un tanto arbitrarios, dependiendo de la norma habitual en cada país y del tipo concreto de negocio. Cada vez es más frecuente considerar como un préstamo a largo plazo aquel que se concierta a más de tres años, pues es preciso tener en cuenta los importantes cambios que se suceden a velocidad vertiginosa en el entorno económico que nos rodea – agudización de la competencia, inflación, etcétera - , de los que no escapa ningún país ni sector productivo alguno.
En función de lo antes expuesto, las garantías que suelen considerar necesarias las entidades financieras son cada vez mayores y, en muchos casos, la pequeña y mediana empresa no pueden acceder a este tipo de préstamos, haciéndose necesaria una ampliación de su capital propio o una aplicación inversionista de las reservas generadas en ejercicios anteriores.
Capital propio
El capital propio debe servir para financiar la denominada estructura sólida de la empresa. Está formado por los recursos aportados por los propietarios o accionistas – en efectivo o en especie –, bien al nacer la sociedad o bien en distintas fases de su desarrollo – ampliaciones de capital – o por las utilidades generadas en la actividad de la propia empresa y que figuran como reservas.
FUENTES DE RECURSOS DE FINANCIACIÓN
En este apartado vamos a estudiar cómo podemos obtener financiación para la gestión normal del negocio, tema muy amplio y complejo dada la variedad de posibilidades que se ofrecen, y que a menudo no son contempladas en su totalidad.
Financiación propia
Cuando la empresa se plantea la necesidad de obtener nuevos medios de financiación, lo primero que debe hacer es averiguar si ella misma posee estos medios y si son utilizables sin poner en peligro su normal funcionamiento. La financiación propia constituye, en principio, el medio de inversión más económico y el que suele originar menores problemas. La financiación propia consiste en hacer productivos los recursos que están ociosos dentro de la empresa, normalmente en la cuenta de reservas.
Fondos de capital propios
Agotada la posibilidad de obtener recursos en el seno de la propia empresa, en razón de la estructura de su capital, el propietario debe estudiar la conveniencia de obtener capital propio para invertir en la empresa. Ésta es una situación que se da normalmente en una empresa de dimensión reducida, con escaso número de accionistas.
Así, podrán acudir a la colocación de préstamos personales garantizados por sus bienes, a la obtención de capital en el círculo en que se desenvuelven – otros comerciantes, familia, amistades, personas con disponibilidades ociosas –, o en otras empresas que se hallen dispuestas a invertir.
Crédito del negocio
La marcha habitual de la empresa genera determinadas fuentes crediticias que normalmente adquieren – o que pueden adquirir, según vamos a ver – una gran relevancia.
Los acreedores y proveedores son, en gran medida, agentes generadores de crédito para la empresa cuando se aplazan los pagos de sus suministros y servicios. La posibilidad de conseguir una prórroga de los plazos de pago – de sesenta a noventa días, por ejemplo – dependerá de la propia solvencia, de la situación coyuntural del mercado y del proveedor en cuestión.
Merece especial atención la financiación obtenida mediante la mercadería que la empresa posee en depósito. Esta modalidad consiste en que el proveedor entrega el producto en los almacenes del cliente y hasta que éste no lo venda, no deberá realizar el pago.
Insistimos en que todas estas posibilidades deben se ponderadas por el empresario que necesite financiación, y el éxito de la negociación con la entidad financiera dependerá fundamentalmente de la situación del mercado, y de quién esté en mejor situación para imponer sus condiciones, el proveedor o el cliente.
En otras ocasiones, el crédito puede ser facilitado por los clientes, suponiendo que ello les reporte en un futuro no muy lejano ventajas en la calidad o en el servicio, aunque no es conveniente abusar de esta práctica para obtener créditos.
Entidades bancarias
Siempre que alguien – particular o empresario – precisa de dinero, lo primero que hace es pensar en un banco que se lo facilite.
Sin embargo, dada la complejidad alcanzada por estos órganos financieros en los últimos años, no siempre se conoce bien la gama completa de posibilidades que ofrecen, y menos aún cuál es la más conveniente para cada caso.
El préstamo más sencillo es el personal, que se concede en función de la solvencia del solicitante, y que éste puede dedicar a la inversión en su propio negocio. No suele concederse por importes muy elevados. A menos que el empresario tenga unos bienes importantes que ofrecer como garantía al banco.
Más frecuente es el llamado préstamo comercial, que tiene generalmente un plazo de hasta noventa días. En este caso, el banco, mediante el cobro de los intereses y las comisiones correspondientes, adelanta a la empresa el importe que ésta ha de recibir de sus clientes transcurridos esos noventa días. Conseguir que esos intereses y comisiones sean mínimos es uno de los objetivos esenciales de todo empresario, sobre todo si se tiene en cuenta que el dinero cada día cuesta más y que el negocio de los bancos consiste, precisamente, en comprar y vender dinero.
Los préstamos a medio plazo pueden tener un plazo de hasta cinco años y se conceden con garantía o sin ella. Estos créditos se amortizan periódicamente, de manera lineal o progresiva, según que las cuotas sean iguales o crecientes. Los bienes que normalmente se acepten como garantía de la devolución son los inmuebles, títulos, pólizas de seguros, etcétera. Una variante del préstamo con garantía es el denominado préstamo avalado, en el que alguien se presta como fiador ante el banco para el caso de que la persona a quien se concedió el crédito no pueda devolverlo a su vencimiento.
En razón del carácter fuertemente competitivo de la actividad bancaria, cada día se crean nuevos instrumentos para la concesión de créditos, de modo que la empresa siempre puede plantear nuevas modalidades para su negociación.
Otras entidades financieras
Asistimos actualmente al desarrollo creciente de una variada gama de compañías que constituyen otras fuentes de financiación de los fondos de explotación. Entre ellas se encuentran las siguientes:
ü Empresas de financiación, de cara a la empresa cliente, su funcionamiento es muy similar al de los bancos, y constituyen un complemento de la actividad de éstos. Tienen, en general, mayor flexibilidad para la concesión de créditos, aunque las comisiones que cobran son mayores.
Ciertas empresas de este tipo se dedican igualmente al cobro de la facturación producida por la empresa – cliente, asumiendo el riesgo de los impagados que se puedan producir, lo que suele ser muy positivo para la liquidez de su cliente. El principal problema de este servicio en su elevado costo, pues se suman el gasto producido por el anticipo del importe de la factura y el derivado de la misma gestión de cobro.
ü Compañías de seguros, en razón de las características tan especiales de su actividad, las empresas de seguros buscan dónde invertir con seguridad, pero también con rentabilidad, el dinero que reciben de las primas de sus asegurados.
Ciertamente, las empresas aseguradoras pueden conceder préstamos, pero la garantía que piden suele ser de un elevado nivel de liquidez – inmuebles, pólizas, títulos de deuda, etcétera –, por cuyo motivo se están viendo desplazadas por otro tipo de entidades operativamente más flexibles.
ü Agentes hipotecarios, estas entidades actúan fundamentalmente en el sector de la construcción de bienes inmuebles, por lo que la empresa necesitada de fondos puede acudir a ellos cuando adquiere bienes de este tipo.
Entidades públicas
La creación de bancos estatales y otros tipos de entidades públicas de financiación adquiere cada día mayor importancia. Estos organismos constituyen un interesante complemento de las actividades del sector privado y cubren un área muy extensa en el campo de la financiación.
El Estado, en el marco de su política social, concede a través de estos organismos préstamos que, en muchos casos, un banco o una entidad de las estudiadas anteriormente se negaría a conceder. Esta situación puede plantearse por lo elevado de la cuantía del préstamo, por lo problemático de su reembolso total en el plazo determinado y por otros muchos factores. Se requiere, en todo caso, que la operación revista un interés social tutelado por el Estado.
Al constituir una modalidad de financiación económica de la empresa que es reembolsable a largo plazo, estos préstamos configuran una fuerte de sumo interés.
Sin embargo, por regla general y dada la complejidad y la lentitud que suelen caracterizar a la administración, la empresa interesada tendrá que determinar sus objetivos tomando en cuenta este factor y previendo un tiempo más que suficiente; debe, además, preparar con detalle cuantos documentos resulten exigibles.
Corporaciones mixtas
El capital de estas entidades es en parte estatal y en parte privado, por lo general de asociaciones gremiales o cooperativas que no funcionan con ánimo de lucro.
Su forma de actuar es muy diversa. A veces conceden avales a las empresas, con los que éstas pueden acudir a los organismos financieros habituales; otras veces facilitan préstamos directamente, si la dimensión de sus recursos propios se lo permite, o bien ponen en contacto a la empresa con aquella entidad que puede concederle el préstamo, incluso realizan funciones de asesoramiento financiero para las empresas clientes.
Frecuentemente, el estado canaliza a través de estas corporaciones la ayuda a los pequeños empresarios o a los sectores en crisis, pues el conocimiento que poseen de sus problemas específicos es mucho mayor.
Sociedades de inversión
Constituyen una variante de las entidades anteriores, pero tiene como fin la obtención de una utilidad. Los préstamos que conceden las sociedades de inversión son generalmente a largo plazo, de diez a más años.
Con ello se completa la gama de posibilidades que el mercado financiero ofrece al empresario para la obtención del capital que necesita para la expansión de su negocio.
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